En un país como el Perú, en el que el Estado se caracteriza por ofrecer  una educación en paupérrimas condiciones, sobre todo en la universidad pública. La esencia de la Decana de América radica en la existencia de lo que ha significado históricamente ser un sanmarquino. Quien a pesar de la adversidad, se logra adaptar a los cambios, a través de su propia iniciativa, siempre con las ansias de conocer, analizar y cuestionar el establishment, así propone mundos paralelos a las coyunturas vividas .


En la actualidad, no todos los miembros de  la universidad de San Marcos pueden considerarse auténticos hijos de esta casa de estudios, han perdido o no han logrado alcanzar ese espíritu trascendental, debido a ello se puede apreciar una crónica mediocridad en ciertos sectores  estudiantiles. Por ende, es un menester repensar y retomar la senda del verdadero sanmarquino.


El sanmarquino consciente y consecuente tiene un compromiso implícito con la sociedad al investigar y poner en práctica lo aprendido para alcanzar el beneficio de la sociedad. Un verdadero sanmarquino no se amilana, no se acompleja, no se conforma con lo que recibe, sino que también, por medio del autodidactismo, amplía su formación académica: No le son suficientes las enseñanzas impartidas en el aula.


El sanmarquino ve y va más allá de donde otros no pueden llegar, asiste a las diversas actividades extracurriculares que se realizan, estas pueden ser conferencias, coloquios, foros; concurre a las tertulias académicas, forma su propio grupo con fines de proyección académica y social; presencia variadas funciones de cine, teatro; de esta manera participa de las expresiones sociales y populares de la identidad peruana, etc.


Un sanmarquino que hace historia no se amilana, no limita su saber a él mismo, sino que debate, concierta y sintetiza la experiencia que se obtiene en el día y día, sabe respetar al que piensa distinto a él. Un sanmarquino líder atraviesa las barreras del muro de la indignación, de las convenciones, de los prejuicios más universales.


Un sanmarquino es un eterno peregrino en la búsqueda de conocimiento al servicio de los peruanos.


Un sanmarquino es un peruanista que anhela ver que la tierra de José Carlos Mariátegui, César Vallejo y José María Arguedas supere su condición de dependencia, que exista un franco progreso para el país entero y no solamente para las clases que están en el poder; desea que el Perú se instruya, que se desarrolle en base a la inversión en educación, ciencia y cultura; que esté a la vanguardia y que así deje de ser una marioneta más del sistema occidental. Un sanmarquino lucha por ver al Perú con un nuevo rostro.


Es como una esponja con filtro porque no solo asimila lo que recibe, sino además la analiza, procesa y supera. Convierte la información en conocimiento. Un sanmarquino que se esfuerza y da todo de sí en su devenir académico y profesional alcanza sus metas.


Un verdadero sanmarquino no solo  estudia a la sociedad, sino que además la transforma con la intervención de las masas para alcanzar un nuevo presente. Un sanmarquino es del pueblo y para el pueblo. Un verdadero sanmarquino consciente y consecuente que hace historia es un líder a seguir, es una proyección de la superación de la especie humana.


*Quinta versión
 
Top