Un martes caluroso en Madrid, a las siete de la mañana, el escritor Mario Vargas Llosa, vestido con una camisa negra de manga larga y un pantalón gris, se dirigía a  la biblioteca de su hogar para redactar, como lo hacía diariamente. Ya había tomado una decisión: “Renunciaré a El Comercio”, expresaba con una voz firme ante el silencio de los libros arrumados en los estantes.

El nobel de literatura publicaba quincenalmente su columna “Piedra de Toque” en el diario El País de España  que era reproducido  en  El Comercio de Perú. Lima se encontraba en plena coyuntura electoral, los medios de comunicación cubrían los pormenores, algunos tomaban partido a favor de uno, otros se dedicaban a atacar a los que no les simpatizaba. El decano de la prensa peruana se encontraba parcializado demoliendo la postulación del nacionalista Ollanta Humala y dándole mayor cobertura a la candidatura de Keiko Fujimori, este hecho no podía ser tolerado por Vargas Llosa.

Media hora después, el célebre escritor que con su novela La ciudad y los perros fue el iniciador del Boom Latinoamericano junto a Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes y Julio Cortázar, ya se encontraba sentado junto a su escritorio y con una inmensa tranquilidad empezó a darle énfasis a las palabras que emplearía al momento de redactar una carta dirigida a Francisco Miro Quesada Rada, director del diario peruano.

“He pedido al diario El País que a partir de hoy cese de enviar mis colaboraciones a El Comercio empezaba la epístola que dejaría perpleja a la opinión pública hispanoamericana. El intelectual y el político convergen en él, por ello, Mario no podía ser indiferente ante la situación que atravesaba su tierra, el futuro del Perú estaba en juego. A pesar de no ser elegido presidente en los 90, desde la península ibérica, MVLl seguía bregando por la democracia en su país natal.

Vargas Llosa desde su visión neoliberal y ante la posibilidad de elegir entre Fuerza 2011 y Gana Perú, sigue teniendo una rencilla con el fujimorismo, aun así le cuesta tomar partido por uno de ellos, piensa sesudamente y  finalmente se opta por apoyar al segundo. Tuvo que pasar dos largas horas para que retome la misiva: “Desde que un puñado de accionistas encabezados por la señora Martha Meier Miro Quesada, tomó el control de este diario y del grupo de canales y diarios que posee, dichos medios se han convertido en una máquina propagandística a favor de la candidatura de Keiko Fujimori“, a la vez que escribe habla con tal convicción que las palabras salen disparadas al fondo de la sala.

Pasó quince minutos y Vargas Llosa es abordado por su amada Patricia quien le trae un café. Entonces con la humanidad que lo caracteriza sonríe y llora de la emoción, es un momento difícil por el que está pasando y la compañía de su amor le da fuerzas para seguir escribiendo: ”(El Comercio)en su afán de impedir por todos los medios la victoria de Ollanta Humala, viola a diario las más elementales nociones de la objetividad y de la ética periodísticas: silencia y manipula la información, deforma los hechos, abre sus páginas a las mentiras y calumnias que puedan dañar al adversario a la vez que en todo el grupo de medios se despide o intimida a los periodistas independientes, y se recurre a las insidias y golpes bajos de los peores pasquines que viven del amarillismo y del escándalo”, cada vocal se hace sentir en el teclado de su computadora.

Ante la total parcialidad del diario de la familia Miro Quesada, “no puedo permitir que mi columna “Piedra de toque” siga apareciendo en esa caricatura de lo que debe ser un órgano de expresión genuinamente libre, pluralista y democrático”, agrega con indignación, está completamente decepcionado y sus ojos sollozan, se muestra impotente al ver como el periódico donde escribió desde joven estaba traicionando la labor periodística forjada desde sus inicios, a mediados del siglo XIX.

Llega el mediodía y culmina rememorando épocas pasadas: “Al apartarme por segunda vez, y de manera definitiva, de El Comercio, no puedo dejar de recordar a ese demócrata cabal, hombre de bien y amigo queridísimo que fue Luis Miró Quesada Garland, y el estupor y la tristeza con que habría visto los niveles de abyección a que han llevado la señora Meier Miró Quesada y sus cómplices al periódico que una vez fue suyo y al que honró con su decencia y sus artículos.(31-05-11)”, la editora Meier venía estableciendo nuevos enfoques a los contenidos informativos que causaban un total rechazo en el autor del ensayo La civilización del espectáculo.

Ya era casi la una de la tarde cuando el renombrado periodista envía a Lima la carta. Este acontecimiento se comenzaba a propagar por toda prensa peruana, los primeros en difundirlas fueron los medios digitales, los blogs, las redes sociales, en pocas horas ya  era parte de la agenda mediática, lo cual repercutiría en la credibilidad de la empresa periodística más grande en el Perú y sobre todo en las elecciones presidenciales del 2011 donde los peruanos tendrían que elegir su futuro durante cinco años. Mario Vargas Llosa se mostraba como el garante de la posible democracia, según él, con Ollanta Humala o a la probable dictadura encarnada en la hija del exdictador Alberto Fujimori que actualmente está condenado a veinticinco años de prisión por delitos de lesa humanidad.

* A dos años de la renuncia del nobel Mario Vargas Llosa a continuar publicando sus columnas quincenales en el diario El Comercio, compartimos una recreación de ese tenso momento en plena segunda vuelta presidencial entre Ollanta Humala y Keiko Fujimori.
 
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