Mario Vargas Llosa: El escritor y el político comprometido [Foto: El País]


Por Jonathan Malca

Don Mario, la primera vez que te conocí fue en el colegio, en la primaria, a través de tu clásica  La ciudad y los perros. Debo confesarte que en esa etapa de mi vida estaba más apegado a las matemáticas, me fascinaban los números. Respetaba a las letras pero no le rendía culto.


Ya en la secundaria, después de participar en unos concursos interescolares, donde gané algunos, decidí darme un tiempo y conocer el mundo de las humanidades, esta ha sido una de las mejores decisiones que tomé en este río de la vida. Y fue lo más fantástico que me había pasado. Mis ojos se abrieron ante tiempos y épocas que no me los había imaginado antes.


Un solo puño: Vocación y disciplina


En base a tu disciplina, compromiso y responsabilidad pudiste superarte cada día más y llegar a ser un ejemplo para muchos.  Hace un par de años, en La Casona, tu amigo Hugo Neira expresaba alegremente que durante tu estancia en el Patio de Letras mientras tus compañeros de clase se la pasaban disfrutando de sus horas libres, tú llegabas de trabajar en el diario La Crónica con un libro bajo el brazo… Más adelante, tuviste la dicha de aprender de Raúl Porras Barrenechea, Michael Foucault, Roland Barthes, entre otros grandes forjadores del pensamiento contemporáneo.


Asimismo, se vio reflejada tu gratitud y nobleza cuando obtuviste el Premio Nobel de Literatura 2010, en el discurso "Elogio de la lectura y la ficción" que diste en Estocolmo, fue un homenaje a tus maestros literarios.   

A todos los escritores a los que debo algo o mucho (...) Además de revelarme los secretos del oficio de contar, me hicieron explorar los abismos de lo humano, admirar sus hazañas y horrorizarme con sus desvaríos. Fueron los amigos más serviciales, los animadores de mi vocación, en cuyos libros descubrí que, aun en las peores circunstancias, hay esperanzas y que vale la pena vivir, aunque fuera sólo porque sin la vida no podríamos leer ni fantasear historias”, rememoraste nostálgicamente ese 07 de diciembre.


De comunista a liberal


Sobre a tu posición ideológica se ha dicho tanto. Durante tu juventud abrazaste las corrientes marxistas que se daban en Latinoamérica y en el orbe, así aplaudiste la Revolución cubana. Pero durante tu adultez ya no eras el mismo, tus ideas y tu visión del mundo cambiaron. Te volviste el vocero del neoliberalismo y  acusaste las dictaduras y el caudillismo que se vivían en los distintos continentes. 


Pero tu paso de las banderas del comunismo hacia la defensa del capitalismo no fue entendido por muchos. Te decepcionaste del comunismo que era representado en la Unión Soviética, no era lo que esperabas, entonces viraste hacia el liberalismo. Te acusaron de traidor, de haberte vendido al sistema. 

No se dieron cuenta que cambiaste, ya que como todos estás en un continuo proceso de fluctuaciones entre las ideas y las acciones que van sufriendo matices con el paso de los años debido a las experiencias vividas y por ende dando saltos cualitativos en la manera de ver y pensar la sociedad, la economía, la política, etc. 


Tanto en tu etapa de izquierda  como de derecha, en cada momento hubo consecuencia de tu parte, entre tus ideas y tus acciones. Tus escritos y tus intervenciones públicas, así como tus obras y tus columnas de opinión convergen en una sola voz.  El intelectual y el político se integran en la defensa de tus ideales. La sinceridad y decir las cosas como piensas te ha caracterizado en los 77 otoños que te ha otorgado la naturaleza.


La escena política


En la década de 1970, durante el régimen de la Fuerzas Armadas, cuestionaste las reformas que realizaba Velasco. En 1980, diste un giro de 180 grados y sorprendiste a muchos con tu alineación hacia el capitalismo. Hace unos días recordaste  que en el primer gobierno de Alan García, ante el intento de nacionalizar la banca, te opusiste de manera tenaz.


Y tu actividad política encausada en el Movimiento Libertad junto con otros intelectuales fue fugaz, sin embargo, marcó un modo de practicarla, siendo honesto con tu propuesta de plan de gobierno  y denunciando la corrupción, aun así no ganaste las elecciones de 1990. El Perú se llegó a joder, por una década, de la mano del dictador Fujimori. 


A pesar de tu derrota, seguiste bregando por los gobiernos democráticos - según tu postura. Desde el diario español El País dedicaste decenas de artículos a la política peruana. Fue así que en las elecciones presidenciales del 2006 entre Humala y García preferiste al segundo porque veías al exmilitar como un rojo nocivo para el desarrollo peruano y títere del fallecido Hugo Chávez. 


En cambio, en los comicios del 2011, entre Ollanta Humala, que también atravesó un cambio por agua tibia, y Keiko Fujimori que simbolizaba la herencia de la violación de los derechos humanos y los actos de corrupción de su padre. Apoyaste la candidatura del nacionalista. Una vez más, era el cálculo del mal menor.


Hoy en día lideras la  Fundación Internacional para la Libertad. Por medio de esta institución y de tu forma de defender el liberalismo,  la inversión privada y la manera que tienes de entender la democracia es respetable, aunque no comparta tu posición. Tu convicción es admirable.
 
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