Por Jonathan Malca 

De rato en rato, escucho "Jugo de naranja", uno de los temas bandera de la banda de punk rock 40 Gramos. Y la nostalgia brota de las entrañas de mi memoría, se sienta junto a mí y me abraza. "Evoquemos nuestros albores",  susurra con una alegría que se expande en el crepúsculo.

Como antes, en mi época de escolar, cuando iba a las tocadas los fines de semana, percibo este género del rock con la misma energía de los primeros días que me sigue encantando. La letra y la melodía se fusionan, y crean en una armonía digna de los Campos Elíseos.

Ya pasaron diez años desde que se formó este cuarteto de universitarios liderado por Luis Méndez (vocalista). Desde entonces, sus canciones reflejan una manera alternativa, por momentos subversiva, de ver al mundo, a la política, a los medios de comunicación y a los sentimientos.

Sin lugar a duda, es la voz juvenil de un movimiento contracultural que vivió las secuelas de la dictadura fujimorista, y que aparentemente se empezaba una primavera democrática con un gobierno transitorio y el llamado a elecciones presidenciales.

Una vez más, esta vuelta a la democracia fue solo un espejismo. Ya van desfilando como tres gobiernos elegidos en las urnas que mantienen los lineamientos económicos aplicados por el autócrata condenado a veinticinco años por crímenes de lesa humanidad. Asimismo, la corrupción ha extendido sus tenctáculos, campea en las instituciones del Estado y en las entidades privadas, y es la carta de presentación en la política, la economía y en las demás esferas sociales gracias al lumpen peruano.

A inicios de este año, 40 Gramos anunció su separación y brindó un último concierto en febrero. Se desintegró el grupo pero aun así sus canciones no morirán. Seguirán vigentes en el mainstream de las comunidades rockeras de la escena nacional.

Su discografía continuará vibrando e invitando al pogo, más aun con el avance de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación ya sea en las redes sociales, en youtube, en los aparatos moviles y especialmente en las tradicionales radios que cuenten con una lectora de cedé hoy en día.



 
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