Por Jonathan Malca
 
A pesar de que el gobierno, de que el sistema neoliberal, diga oficialmente que vivimos en democracia, aunque no lo parezca, marquemos la diferencia ejerciéndola en nuestros propios ambientes de socialización. Así sean de izquierda o de derecha es importante que cultiven los valores democráticos, al saber escuchar y respetar a los que piensan diferente, sobre todo cuando son criticados o cuestionados por sus detractores.

Que nuestra manera de actuar sea consecuente con lo que pensamos y decimos. Que no haya un abismo entre las ideas y las acciones. De haber contradicciones, solo demostraría una falsa consciencia, una hipocresía. La palabra escrita y la palabra hablada no pueden estar desligadas.

La libertad de expresión,  la libertad de opinión, la libertad de crítica, el derecho a la  información,  el derecho de reunión, el derecho a la protesta social están garantizadas por la Constitución Política del Perú, así mismo se encuentran reconocidas en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, y como tal deben ser ejercidas sin coacciones  en cada espacio público del Facebook, del Twitter, de cada red social y espacio virtual en internet. De este modo, la democracia que tanto se enarbola llegue a ser practicada.

La censura no puede estar permitida. Se combaten las ideas con ideas, con argumentos, sin faltar el respeto a las personas. Tengamos la capacidad de discrepar, de discutir aportando con nuevas maneras de ver el mundo, de entender a la sociedad, de plantear soluciones. Y la autocrítica no puede estar desligada, tengamos la hidalguía de reconocer cuando nos equivocamos.

El peligro de la intolerancia

Sin embargo, la democracia no está exenta de los riegos del accionar de la intolerancia. La democracia no puede terminar deslegitimándose en la comunidad 2.0, a pesar de que haya intolerantes los cuales se caracterizan por ser limitados para manifestar con respeto sus pensamientos y sus reacciones emotivas, no conocen a la empatía.

Los intolerantes son  aquellos inconsecuentes,  que hacen uso de su libertad de expresión al "predicar" un discurso aparentemente dialéctico y con una cierta conciencia social para criticar al establishment capitalista, al status quo. Quieren justicia y vivir en democracia pero no son seres democráticos, no practican los valores democráticos.

La intolerancia es una vil práctica que impera con total impunidad. La intolerancia es tan ignorante, atrevida y condenable. La intolerancia tiene una pobreza moral y los que la profesan solo demuestran cuan cínicos, arrogantes y tiranos pueden ser al querer imponer por la fuerza, o alzando la voz, sus doxas; anhelan manipular a los demás, aunque no tengan esa capacidad. Digámosle NO a la intolerancia.
 
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