César Vallejo en San Marcos [Ilustración preparada por nuestro diseñador Matsuj]

Una fecha como hoy, 16 de marzo, en 1892 nació el poeta César Vallejo, el peruano más universal de todos los tiempos.  El pueblo de Santiago de Chuco de La Libertad lo acogió durante sus primeros años mientras en la capital limeña se daba una pugna entre caceristas y pierolistas que provocaba una guerra civil por la toma del poder, era la época de los caudillos militares.

A inicios del siglo XX, el crecimiento económico del departamento de La Libertad giraba en torno al campo agropecuario. Y César Vallejo, cuando aún no alcanzaba la mayoría de edad, soñaba con seguir estudios de Medicina. 

“En 1910, la vocación del joven Vallejo se orientó hacia la Medicina. Sin dinero para estudiar en Lima esa carrera, se matriculó en el primer año de Letras de la Universidad Nacional de Trujillo. Esperaba conseguir algún empleo en esa ciudad para sufragar sus gastos universitarios, pero los meses transcurrieron sin lograrlo”, señala el escritor Eduardo González Viaña en su libro Vallejo en los infiernos.

En esos años, la actual Universidad Nacional de Trujillo era conocida como la Universidad de La Libertad la cual había sido fundada el 10 de mayo de 1824 mediante un decreto por el general Simón Bolívar. La Facultad de Letras ofrecía las carreras de Literatura, Historia y Filosofía. 

Vallejo no pudo continuar sus estudios por falta de dinero, por ello se fue a trabajar en el yacimiento minero de Quiruvilca, cercana a Santiago de Chuco. En su novela El Tungsteno, el autor relata cómo la compañía estadounidense Mining Society termina apropiándose de estas minas.  Era el periodo de la República Aristocrática, denominación acuñada por el historiador Jorge Basadre,  gobernaba Augusto B. Leguía.

Luego de pasar un tiempo en Quiruvilca vuelve a Santiago el 19 de febrero de 1911. El vate decide viajar a Lima para estudiar en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), aunque también la dejó por el mismo motivo. Regresa a La Libertad y labora en la azucarera Roma, en el valle  de Chicama, que está próxima a Trujillo.

“Para ir de Trujillo a Lima, en aquel entonces, uno embarcaba en Salaverry y desembarcaba, dos días después, en el Callao. Para ir de Trujillo a Santiago, primero tomaba un tren que a las dos horas lo dejaba en la hacienda Menocucho, luego ´ensillaba´, a lomo de mula, de caballo, hasta divisar los ´cerros´ familiares”, resalta el investigador André Coyné en su ensayo Cuando Vallejo se volvió Vallejo

Vallejo retornó a Trujillo en febrero de 1913. “Allí debía proseguir los estudios universitarios que antes abandonara por falta de dinero. Apenas llegado, consiguió un departamento en el viejo hotel del Arco, a una cuadra de la Plaza Mayor. Al día siguiente muy temprano, ya estaba iniciando los trámites de su matrícula en la universidad. El primero de ellos fue hacer un tedioso examen médico en el que debía contestar decenas de preguntas sobre su salud y la de sus padres (…) Le dieron instrucciones de incorporarse a un grupo de postulantes de pie frente a una larga banca de madera”, indica Gonzales Viaña.

La última semana de febrero Vallejo terminaba de matricularse en el primer año de la Facultad de Letras de la Universidad de La Libertad. En el claustro universitario pudo conocer a Víctor Raúl Haya de la Torre y a Antenor Orrego. “En esos días, se comenzaba a reunir un grupo de jóvenes  escritores y artistas conocidos como “La Bohemia de Trujillo”. No se daría en el Perú un caso similar en el que se congregaran tantas mentalidades que rayaban en el genio  cuya propuesta social y estética trascendería fronteras”, narra el escritor. 

El 22 de agosto de 1915 Vallejo pierde a su hermano mayor Miguel que le produjo una inmensa pena que lo conduciría a escribir más adelante el poema “A mi hermano Miguel”:


Hermano, hoy estoy en el poyo de la casa,
¡donde nos haces una falta sin fondo!
Me acuerdo que jugábamos esta hora, y que mamá
nos acariciaba: "Pero, hijos ...".

Ahora yo me escondo,
como antes, todas estas oraciones
vespertinas, y espero que tú no des conmigo.
Por la sala, el zaguán, los corredores,
después, te ocultas tú, y yo no doy contigo.
Me acuerdo que nos hacíamos llorar,
hermano, en aquel juego.

Miguel, tú te escondiste
una noche de Agosto, al alborear;
pero, en vez de ocultarte riendo, estabas triste.
Y tu gemelo corazón de esas tardes
extintas se ha aburrido de no encontrarte. Y ya
cae sombra en el alma.

Oye, hermano, no tardes
en salir. Bueno... Puede inquietarse mamá.



Fueron tres años (1913-1915) para que el poeta pudiera terminar por fin la carrera después de varios intentos. El 22 de septiembre de 1915 lograba el grador de bachiller con su tesis acerca del Romanticismo.

 
El editor Juan Mejía Baca publicó la Tesis de Vallejo en 1954

“Culminó con honores los años de Letras. En 1915, su tesis era aprobada y calificada de brillante. El Romanticismoen la poesía castellana apareció en un pulcro ejemplar de la tipografía Olaya. Era su primer libro”, relata Eduardo González en su novela. [Puedes descargar la Tesis AQUÍ].


El diario La Reforma de Trujillo informó sobre el grado de bachiller que obtuvo César Vallejo [Transcripción de Eduardo González Viaña]



En 1917 enseñó en el Colegio Nacional de San Juan de Trujillo, donde fue preceptor del primer año de primaria. Allí tuvo como alumno a Ciro Alegría quien años después se convertiría en uno de los máximos exponentes de la literatura indigenista. 

“Nunca he visto un hombre que pareciera más triste. Su dolor era a la vez una secreta y ostensible condición, que terminó por contagiárseme. Cierta extraña e inexplicable pena me sobrecogió. Aunque a primera vista pudiera parecer tranquilo, había algo profundamente desgarrado en aquel hombre que yo no entendí sino sentí con toda mi despierta y alerta sensibilidad de niño (…) Mas la personalidad de Vallejo inquietaba tan sólo de ser vista. Yo estaba definitivamente conturbado y sospeché que, de tanto sufrir y por irradiar así tristeza, Vallejo tenía que ver tal vez con el misterio de la poesía. Él se volvió súbitamente y me miró y nos miró a todos. Los chicos estaban leyendo sus libros y abrí también el mío. No veía las letras y quise llorar...”, recuerda a su maestro el escritor Ciro Alegría en “El Vallejo que yo conocí”. 

En diciembre de 1917, Vallejo vuelve a viajar a Lima, esta vez en el vapor Ucayali. Continúa sus estudios de doctorado en Letras en la universidad San Marcos en 1918. Esta vez conoció a Abraham Valdelomar, José María Eguren, Manuel González Prada, Luis Alberto Sánchez y José Carlos Mariátegui.

Trabajó en el colegio Barros, este puesto le permitió afrontar las adversidades económicas y además juntar recursos para la impresión de su poemario Los Heraldos Negros

Vallejo estaba en Lima cuando su madre murió el 8 de agosto de 1918, y no pudo asistir al funeral pero la rememoraría en sus poemas.
 

Tahona estuosa de aquellos mis bizcochos
pura yema infantil innumerable, madre.

Oh tus cuatro gorgas, asombrosamente
mal plañidas, madre: tus mendigos.
Las dos hermanas últimas, Miguel que ha muerto
y yo arrastrando todavía
una trenza por cada letra del abecedario.

En la sala de arriba nos repartías
de mañana, de tarde de dual estiba,
aquellas ricas hostias de tiempo, para
que ahora nos sobrasen
cáscaras de relojes en flexión de las 24
en junto parados.

Madre, y ahora! Ahora, en cuál alvéolo
quedaría, en qué retoño capilar,
cierta migaja que hoy se me ata al cuello
y no quiere pasar. Hoy que hasta
tus puros huesos estarán harina
que no habrá en qué amasar
¡tierna dulcera de amor!
hasta en la cruda sombra, hasta en el gran molar
cuya encía late en aquel lácteo hoyuelo
que inadvertido lábrase y pulula ¡tú lo viste tanto!
en las cerradas manos recién nacidas.

Tal tierra oirá en tu silenciar,
cómo nos van cobrando todos
el alquiler del mundo donde nos dejas
y el valor de aquel pan inacabable.

Y nos lo cobran, cuando, siendo nosotros
pequeños entonces, como tú verías,
no se lo podíamos haber arrebatado
a nadie: cuando tú nos lo diste,
¿di, mamá? [Poema XXIII, Trilce]


César Vallejo regresaría a Trujillo en 1920, tendría un incidente que lo llevaría a la cárcel en agosto del mismo año. Dos años después publicaría su segundo poemario Trilce. Y en 1923 viajaría a Europa. Nunca más volvería a su natal Santiago de Chuco.


 
Una de las escasas grabaciones de Vallejo en 1937

 
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