Por Jonathan Malca*

En un país como el nuestro, en el que el Estado se caracteriza por ofrecer  una educación en paupérrimas condiciones, más aun en la universidad pública. La universidad San Marcos, como otros centros superiores de estudio, prácticamente baila con su propio pañuelo. En esta coyuntura sale a flote la esencia de lo que significa ser un sanmarquino a lo largo de la historia. 

A pesar de la adversidad se logra adaptar a los cambios, a través de su propia iniciativa, siempre con las ansias de conocer, analizar y cuestionar el establishment, propone mundos paralelos y futuros posibles a las circunstancias vividas .


Aunque hoy en día gran parte de los miembros de la Decana de América se ha olvidado qué es ser un verdadero sanmarquino. También puede ser que perdieron o no lograron ese espíritu trascendental, debido a ello se puede apreciar una crónica mediocridad en ciertos sectores. Por ende, es un menester repensar y retomar la razón de ser un sanmarquino.

El sanmarquino tiene un compromiso implícito con la población al investigar y poner en práctica lo aprendido para alcanzar el beneficio de la sociedad. No le son suficientes las enseñanzas impartidas en el aula, sino que busca las formas para ampliar  su formación.


El sanmarquino ve y va más allá de donde otros no pueden llegar, asiste a las diversas actividades extracurriculares que se realizan, estas pueden ser conferencias, coloquios,  tertulias académicas; forma su propio grupo estudiantil con fines de proyección académica y social;  participa de las expresiones sociales y populares de la identidad peruana, entre otras.


Un sanmarquino que hace historia no se amilana, no limita su saber a él mismo, sino que debate e intercambia experiencias que se obtienen en el día y día, sabe respetar al que piensa distinto a él. Un sanmarquino líder atraviesa las barreras del muro de la indignación, de las convenciones, de los prejuicios más universales.


Un sanmarquino es un eterno peregrino en la búsqueda de conocimiento al servicio de la humanidad. Lucha por ver a la tierra de los maestros José Carlos Mariátegui, César Vallejo y José María Arguedas supere su condición de dependencia, que exista un franco progreso para todos y no solamente para las clases que están en el poder; desea que el Perú se instruya, que se desarrolle en base a la inversión en educación, ciencia y cultura; que esté a la vanguardia y que así deje de ser una pieza más del sistema occidental. Un sanmarquino construye un nuevo Perú.


Es como una esponja con filtro porque no solo asimila lo que recibe, sino además la analiza, procesa y supera. Convierte la información en conocimiento. Un sanmarquino que se esfuerza y da todo de sí en su devenir académico y profesional alcanza sus metas.


Un verdadero sanmarquino no solo  estudia a la sociedad, sino que además la transforma con la intervención de las masas para alcanzar un nuevo presente. Un sanmarquino es del pueblo y para el pueblo. Un verdadero sanmarquino consciente y consecuente que hace historia es un líder, una proyección de la superación de la especie humana.

-- *Este artículo de opinión lo escribí cuando ingresé a San Marcos, desde entonces ha tenido varios cambios.

 
Top