Carlincatura publicada en La República el 11 de mayo

                                                                                                                            
Por Josué Orosco Leguía

La insólita respuesta del presidente Humala “Estoy en contra de la concentración de medios. Mira cómo estamos acá. No podemos ni apreciar la Feria“, al ser consultado por la periodista Clara Elvira Ospina en la Filbo (Feria del Libro de Bogota - Colombia) sobre qué libros está leyendo, originó que haya una serie de comentarios adversos con tonos de burla en los medios de prensa escrita o digital (caricaturas por ejemplo) e incluso insultantes por parte del público en las redes sociales.


Más que una obsesión sobre el tema de la concentración de los medios, lo cierto es que su respuesta evidencia un esquivo ante lo preguntado: es la afirmación de su limitación por la lectura, entiéndase por aquellos escritos de carácter divulgativo, artísticos, científicos, y/o humanísticos como la literatura por ejemplo. Es decir, el equivalente de su declaración es «yo no leo». En su caso ‘lo cortés no quita lo valiente’, pues aunque esquivo su respuesta enuncia cierta honestidad: nadie cuya función es pública, y ante una cámara, se atrevería decir no leo o no tengo tiempo para leer o no me gusta leer, pues ello –en nuestra común percepción- sería síntoma de brutalidad o la del ‘ignorante’. En este sentido, surgen todo tipo de indignados en los medios de comunicación, ni qué decir de aquellos sujetos que se consideran cultos, que se escandalizan por la implícita respuesta.


Si en su formación académica y militar no aprovechó y desarrolló un hábito de lectura o no se nutrió de la misma, por qué ahora tendría que leer si es Presidente. Es decir, su función no le permite tamaña dignidad y lujo; su lectura solo se restringiría a los periódicos y documentos de carácter administrativos y políticos. En su caso, la justificación es por una cuestión de tiempo y/o disponibilidad debido a su función. Si yo fuera presidente del Perú, ni los periódicos leería –porque ni escribir saben-, estaría constantemente al tanto de planos y números estadísticos, leería detenidamente informes cuyas letras serían números. Tampoco podría leer porque quitaría unas cuatro horas de las ocho recomendadas para dormir, y menos leería con tranquilidad y concentración cuando el estrés y la acidez estomacal me aquejan. Y menos aún si tuviera una mujer e hijos por mantener: no tendría tiempo de leer.


Es cierto que el bagaje de lecturas y la adquisición de la información nos permiten un mayor desenvolvimiento en nuestras actitudes y en nuestra formación. Sin embargo, ello no tiene por qué ser causa de críticas infundadas, y más aún soberbias: que uno sea mejor que otro por haber leído más, no lo hace superior; ni tampoco si se lee frecuentemente o a quiénes se lean; hay otras actitudes y valores que están por encima de los libros. Cuando se es Presidente, y cuando se asume como tal, hay múltiples prioridades por ejecutar en nombre de la patria; por tanto, leer por ejemplo una obra literaria es todo un lujo debido a la disposición del tiempo.
 
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