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Por Josué Orosco Leguía [Opinión]

La campaña política por las elecciones regionales y municipales tiene como foco de atención en los candidatos para la alcaldía de la Municipalidad Metropolitana de Lima. Dos de los protagonistas son Susana Villarán y Luis Castañeda.

Hasta qué punto la especulación puede ser tan válida para aproximarnos y predecir lo concreto de nuestra realidad. Una situación o escena puede ser un síntoma: En los transportes públicos es común ver a los ambulantes, sobre todo aquellos que venden golosinas. Uno de estos hombres que se gana la vida vendiendo barras de chocolate enunció esta semana unas palabras que ‘sacaron de cuadro’ a muchos de los pasajeros, incluido yo: «No voten por Susana; ¡voten por Castañeda! Solo falta que Susana bote a todos los ambulantes», dijo antes de bajarse del micro. El sujeto no hubiese pronunciado esas palabras si al menos uno de nosotros le hubiera comprado uno de sus chocolates: «Nada, ¿tan pobres están?», dijo el ambulante maldiciendo y mentando la madre entre dientes. Fue evidente su frustración cuando nadie colaboró con 0.50 céntimos, el precio mínimo de su producto.

Se desprende pues que la villana para el ambulante es Susana Villarán, solo démonos cuenta de estas palabras: «Solo falta». Es decir que el hombre está descontento con la gestión de nuestra alcaldesa. Y por otro lado también se desprende la idea de que para el vendedor, Luis Castañeda representa una simpatía y solución para su malestar, hecho que se fundamenta en el recuerdo de la pasada gestión del candidato de Solidaridad Nacional.

Es cierto que Lima presenta un mayor orden debido a las medidas empleadas por Susana, pero también es cierto que ella es fuente de la antipatía de aquellos hombres que se vieron perjudicados por su gestión, como los de la Parada, los taxistas y microbuseros. Además de ser acusada por inoperante en la construcción de grandes obras de cemento. En semejante situación está Castañeda, pero desde un punto de vista ético y moral: impresentable para muchos al no querer debatir y no declarar en los medios de comunicación, así como la acusación que lo estigmatiza como corrupto por el caso Comunicore.

Este panorama evidencia que la honestidad, valores e ideologías no son compatibles con la eficiencia del cargo público, puesto ¿qué es lo que se nos muestra a través de los medios de comunicación según el sentir de los ciudadanos? El imaginario limeño ha creado lo siguiente: «Susana es honesta pero vaga; Castañeda, robó pero hizo obras». Defectos y virtudes que se han caracterizado en ambos como etiquetas en la circulación de las opiniones de los limeños.

Y sin embargo, el potencial de los votantes en Lima no eres tú que lees estas líneas, sino aquel ambulante de chocolates que con frustración y rabia me dejó absorto, inmóvil y sin reacción en el asiento de una couster que me conducía por la Javier Prado rumbo hacia la universidad. 

Debemos ser conscientes: aquellos que menos tienen desean cubrir sus necesidades de carne y hueso, y no la de índole subjetivo y/o cultural. Todo puede pasar en las elecciones, pero ¿quién es el candidato que se muestra como solidario ante los pobres y lidera las encuestas? He ahí el punto.
 
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