Hoy en la tarde fuimos a almorzar con unos amigos a la Cafetería de Letras de la universidad San Marcos. Con el hambre encima, Renzo pidió un bistec, Miriam una tortilla,  Dévora una ensalada a la rusa y yo un seco de pollo con frejoles. Después de veinte minutos, la sorpresa se la llevaría Débora que en medio de su brócoli encontraría una mosca.



Cuando avisamos a la mesera Zuly, nos respondió que en las verduras suelen infiltrarse estos invertebrados, que por más cuidados en esta ocasión "se les pasó". Le pedimos que llamara al administrador del local pero dijo que "estaba ocupado" atendiendo en caja. A nombre de la cafetería se disculpaba por lo sucedido y ofreció devolver el dinero del consumo.

Nuestra amiga estaba indignada y no aceptó la devolución. Dévora se acercó al libro de reclamaciones que se encontraba cerca a la caja para constatar la incomodidad, mientras tuvimos que acercamos al administrador. No era la primera vez que pasaba. En este restaurante anteriormente ya hubo reclamos por la presencia de “presas” extrañas.



El administrador Enrique Guevara nos mencionó que se esforzaban por brindar un mejor servicio pero que este tipo de “circunstancias” eran inevitables. Las disculpas no se hicieron esperar. Sin embargo, el mal servicio quedaba como experiencia para pensarlo varias veces si queríamos volver más adelante a este recinto que la universidad les arrienda.



Cabe indicar que en lo que va del año la Cafetería de Letras ha sido sancionada por la SUNAT hasta en dos ocasiones por no entregar boleto de pago.
 
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