"Primera marcha contra la televisión basura"


Por Josué Orosco

“La popularidad es la prima puta de la fama” (Birdman, 2014). Entre muchos aspectos para el análisis, la frase de esta película es válida para la crítica contra el cine cargado de imágenes y full efectos, que bombardean al espectador para entretenerlo en su asiento: el sensacionalismo de películas de acción y la popularidad de personajes de los comics por ejemplo. Es una crítica del cine arte contra el cine barato. 

De la misma forma hoy en día la televisión se centra en el espectáculo y popularidad de personajes extravagantes. Creo que este es la causa principal de la denominada televisión basura que nos ofrecen los canales de señal abierta.

La popularidad de nuestra farándula limeña es el principal generador de rating, sujetos corrientes que exponen al público sus vidas privadas o inventan un escándalo que otro; mas el morbo que venden está en contubernio con la prensa. Y este lamentablemente necesita del otro para vivir. Entonces no sabemos a ciencia cierta quién es el parásito, la mal llamada farándula o la prensa que explota el escándalo. 

No obstante, a diferencia de la radio y los medios escritos y digitales que son más dinámicos y plurales para la elección del receptor, la televisión se encasilla con un tipo de formato que distribuye en su parrilla de programación: por ejemplo los ‘combatientes’ o ‘guerreros’ no solo los puedes ver en sus respectivos programas, sino también en diversos programas de farándula o de noticieros en toda la semana. No hay una mayor diversidad de contenido.

Así surge un problema, lamentablemente esto repercute en nuestra sociedad puesto que los medios de comunicación trasmiten este espectáculo barato: la vida de un sujeto cualquiera puede resultar más trascendental que un hecho de relevancia cultural. No se trata entonces de cambiar el canal y leer un libro, como dijo una periodista. Se trata de tomar una conciencia y ponerla en práctica, a diferencia de otros que no la tienen o no la quieren tener, más aún si nuestra calidad educativa y desarrollo cultural no son las óptimas. 

Entonces llegamos a otro punto: el televidente no es culpable ni está en falta, pues toma lo que hay. Y lo que hay es basura en la televisión. Puedo decir que la marcha se legitima por aquellos que tienen consciencia. No se puede ser defensor de una gran verdad ni imponer ideas a otros que no la compartan, pero tampoco se puede perder el horizonte del sentido común: esta precisamente genera nuestra desazón, luego la consciencia nos guía en el derecho legítimo de protestar contra aquello que daña la salud mental del televidente.
 
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