Marcha del Orgullo LGTB [Imagen: Maldeojofoto]


Por Josué Orosco Leguía

Más de uno se habrá preguntado por qué el movimiento LGTB,  y  demás géneros que difieren del heterosexual, influyen y ganan terreno sobre las leyes que los hombres establecieron de acuerdo a la noción de ‘familia’, simbolizado como la unión entre el hombre y la mujer, y cuya Iglesia católica consagró en el orden mundial.

Así como hay grandes comunidades de índoles religiosos o políticos  que confraternizan y velan por sus intereses, también existe la gran comunidad del LGTB que organizados tienen un alcance global, como lo demuestra el Día del orgullo que fue celebrado el sábado último. Se podría decir que nunca fueron minoría, pero sí marginados y sin poder en el transcurso de nuestra historia. Hoy no es así. Los tiempos sí han cambiado en lo que respecta sobre los intereses de las comunidades locales y globales, son los factores del poder, del saber y el hacer.
 
En los medios de comunicación de Lima, ¿acaso no hay periodistas, columnistas de opinión y conductores homosexuales que abogan por sus derechos o promueven los mismos? En el Congreso, ¿no es Carlos Bruce quien impulsó la Ley de la Unión Civil? Esta comunidad, como cualquier otra, posee integrantes que se desempeñan como intelectuales, artistas, escritores, políticos, empresarios, etc. Son como cualquier persona heterosexual que vive, sufre y goza en el mundo. Y tienen el suficiente potencial y la capacidad para contrarrestar, y cambiar, las leyes y prejuicios que han transgredido su identidad.
 
Por sus facultades del saber y del saber hacer, y amparados por el principio del Derecho en un país democrático, esta comunidad logra sin duda tener un mayor alcance y aceptación en las culturas y sociedades. Así, no resulta extraño el fallo de la Corte Suprema de los Estados Unidos que legaliza el matrimonio homosexual en todo este país.
 
Aún más, lo escrito permite entrar en la controversia que ahora se ha visto en las redes sociales sobre la toma de postura como la del BCP, Bembos y otras marcas al solidarizarse con los colores del LGTB en sus logotipos. Esto es ilustrativo sobre los aparatos económicos y logísticos de grupos económicos -en el mundo- que respaldan los intereses de la comunidad LGTB, cabe decir por cuestiones de principio.

En el caso peruano, la unión civil, por medio de la etiqueta de la igualdad de derechos que promueve el sector bancario-empresarial  es más que publicidad y menos que principios, sin duda animado por el fallo de Estados Unidos. Pues cuando en el Congreso del Perú se debatía el Proyecto de Ley, ninguna entidad financiera o grupo empresarial respaldó el tema en cuestión.
 
Pero hay algo positivo, lo ocurrido en Estados Unidos comienza influir en la mentalidad de los hispanoamericanos, incluso en los grupos de poder económico.

 
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